Las palabras empiezan a fluir y yo lucho para que mis garabatos le sigan el ritmo veloz a mi imaginación... (Soraya)

martes, 26 de febrero de 2008

Tus Palabras

Me siento derrotada en el campo de tus palabras. Siempre soy demasiado poco para ti, aunque seas demasiado poco para mí. Soy tu carga de tristeza, el reflejo de tu vacío y tu soledad, ese espejo roto que te trajo la maldición de los siete años…

Eres mi herida constante, el sabor del dolor que impregna mis labios vacíos de palabras.

Si supieras cómo duele no ser nunca buena para ti, por que nada de lo que te doy te alcanza, porque te pierdo entre mis manos. Si supieras cómo me duele, si supieras que aún vomito tus palabras…

Nada tiene sentido para mí y yo nunca tuve sentido para ti. Tus silencios se resbalan por mi cuerpo llenando mi boca de vacío. Me siento desnuda de deseos, y ¿qué es la vida sin deseos, más que un silencio eterno al que llamamos muerte?

Lo único que me colma, es esta angustia que me fragmenta. Me dejaste sola, enfrentándome con tu ausencia y con esa extraña sensación de que siempre te vas más allá de mí. Mírame, yo ya estoy más allá de todo y de todos, porque aunque veas mi cuerpo rondando en este mundo, yo ya estoy muerta…

domingo, 24 de febrero de 2008

Sin Rumbo y Sin Sentido


Caminaba sin rumbo por las calles de este pueblo con sabor a nada. El rumbo lo perdí cuando te perdí, y no sólo me quedé sin rumbo.

Me acuerdo el día en el que me dejaste sola, mirándote ir entre los sauces de esa plaza, que presagiaron mis lágrimas eternas, como si fueran gitanas. Ese día sentí lo que era morirse, y no me equivocaba…

Siempre creí que se podía morir por amor, y tu me contradecías. Tanto dolor sentí al perderte que mi garganta perdió sus sonidos, cada parte de mi cuerpo empezó a marchitarse cuando me trajiste siete inviernos…

Caminaba sin rumbo por las calles de este pueblo. Caminaba hasta que ya no pude avanzar más… quedé paralizada, aterrada al verte. Fue como ver un fantasma, el de uno más vivo que yo misma, que estoy muerta hace mucho tiempo. Siempre creí que te podría volver a encontrar, te buscaba confiada en que había magia en el universo y que ella nos iba a volver a acercar… que ilusa!!

Vi tu cara de horror cuando me acercaba. Vi como cada músculo de tu cara se tensaba al recordarme. Vi en tus pupilas que me veías como me ven los demás, como la extraña de este pueblo, que se cree irracional…

No me reconociste hasta que me miraste a los ojos y te reconociste en ellos al ver que te mostraban nuestro pasado. Viste en mis ojos la tristeza acumulada de tanto dolor, y mientras que tus ojos a mi me decían que querías volver a escapar…

Al finalizar tu palabras, que para mi no eran mas que una sentencia, me miraste con la compasión insultante que hay en tus ojos, con odio e indiferencia, con amor y con lástima, con vida y con muerte. Me miraste una vez más y supe que era la última vez que tus ojos se posarían en mí de esa manera. Te diste media vuelta para, otra vez, irte…

Mil Contradicciones Para Odiarte


Con un beso me entregas a mi martirio y te odio por hacerlo. Te odio por que vuelves aunque te eche. Te odio por que me dejas cuando quiero que te quedes. Te odio por que juegas conmigo y por que soy consciente de tu juego, pero no puedo dejar de ser tu juguete…Te odio por que me lastimas pero parece que busco que lo hagas. Te odio porque todavía me sangra la herida que abriste con las armas que te di...

Te odio por que sé que tu boca da frutos en otras pieles y otros labios. Te odio por que sé que tus labios todavía llevan mi sangre derramada en vano por tus besos. Te odio por que tus manos hacen obras de arte en otros cuerpos. Te odio por que tienes ese extraño y maldito don que hace que una se sienta bella cuando deslizas una sola de tus caricias…

Te odio por que no hay nadie como tu, te odio por tu unicidad y por que me llenas de soledad. Te odio por que me diste ese cordel, y por que lo cortaste a la mitad de mi camino. Te odio por que me matas, pero puedes darme tanta vida que me volverías tan inmortal como tu recuerdo…

Te odio por que sabes cuánto te amo, te odio por qué sé cuán poco te importa. Te odio por que disfruté dándote el poder que tienes sobre mí, pero te odio por que supiste usarlo y lo hiciste, y mira cómo lo hiciste...

Te odio por que no quiero verte, pero deseo que estés acá nuevamente. Te odio por que me dejaste ir, por que no te diste cuenta de todo lo que podía darte; te odio por que sí lo supiste y no te alcanzó; te odio por que nadie te va a hacer feliz, pero no dejas que sea yo la que no lo haga…

Te odio por que me dejas, te odio por que me quitaste la música, me quitaste los libros, me quitaste los juegos, me quitaste los bares, por que me quitaste lo que pese a todo te transporta a mi memoria, a mis labios, a mis manos, a mi piel, a mis oídos y a mi olfato.

Te odio por que no hay tumba que te acoja. Te odio por que tienes más vida que la muerte, te odio por que me das más muertes que vida, pero cuándo me das vida me das todo.

Te odio por que caminamos bajo el mismo cielo, por que pisamos el mismo suelo, por que estás acá pero a la vez te fuiste. Te odio por que los llevas a dónde me llevaste, por que tejes la misma tela que luego me quitaste. Te odio por que das besos como si fueras una araña y por que yo siempre caigo en tus trampas…

Te odio por que todo lo que me diste me lo quitaste en ese último beso. Te odio por que ese beso lleva tu traición e inicia mi desolación. Te odio por que ese beso está sangrando, y por que la sangre es mía y por que bebería de tus labios mil veces más aunque me desangrara por completa.

Te odio por que tu cobardía te impidió quedarte, te odio por que tu cobardía te impidió hablarme, te odio por que no pudiste decirme a la cara que no querías verme más.

Te odio por qué sé que vas a volver cuando no quiera que vuelvas, te odio por que vas a arruinarme todo lo que intente. Te odio por que vas a regresar cuando ya no te necesite, pero más te odio por que vas a saber cómo hacer para que empiece a necesitarte.

Te odio por que construyo castillos de arena y tú juegas a ser el mar que se los lleva. Te odio por que si apareces cualquiera desaparece y más te odio por qué sé que lo sabes.

Te odio por que me someto a ti y sólo obtengo desprecio. Te odio por que lo hiciste una y mil veces y yo sigo esperando que no lo hagas. Te odio por que me haces odiar mi esperanza, mi inocencia y mi cruel complicidad con lo peor que hay en ti, que se complementa con lo peor que hay en mí…

Te odio por que te escribo y por que no puedo dejar de hacerlo, te odio por que te invoco pese a que no deba hacerlo. Te odio por que eres mi deseo de muerte y por que siempre estás presente. Te odio por tu ferocidad, y por que ni si quiera me dejas odiarte cuando me dices las mismas mentiras que yo elijo creerte...

Te odio por que no puedo dejar de odiarte y por qué sé lo que eso significa. Te odio por qué sé que mi odio es una metáfora, una mera sustitución….

Te odio por que me conoces tanto que sabes cómo hablarme, como tocarme, como mirarme, qué decirme. Te odio por que me lastimas y siempre soy yo la que termina pidiéndote perdón por haberte llevado a hacerlo…

Te odio por que sabes que te sigo amando y que contra eso no encuentro una cura. Te odio por que sé que formas parte de mi muerte, de mis castigos, de mis reproches, de mis culpas y mis angustias.

Te odio por que sé todo, pero me comporto como si no supiera nada. Te odio por que gozo con tu presencia pero sufro con mi goce de no tenerte presente…

Te odio por tu encanto, por tu melancolía, por tu voz, por tu olor, por tus besos, tus caricias, tus palabras, y tus juegos. Te odio por que me vas a matar, una y mil veces más y yo seguiré poniendo mi cuello aguardando por la guillotina que llevas en tus labios…

Te odio por que me dejas, te odio por que vas a volver, te odio por que estás, te odio por que te ausentas, te odio por todo lo que eres, pero más te odio por todo lo que no te animaste a ser….

Te odio por que te vas, pero más te odio por que en mí, siempre, siempre vivirás...

viernes, 22 de febrero de 2008

El Arbol Marchito


El viento frío me arranca de las entrañas esta nueva hoja que se marchita, el paso del tiempo se muestra en ese peso que la hace caer sobre el asfalto tapizado de aguanieve, las hojas anaranjadas, algunas con tintes verdes y otras devoradas por gusanos, se me acumulan con los años… y todo, y todos, pesan tanto que impiden mirar el cielo…

Tantos recuerdos putrefactos como las hojas de los árboles en otoño, tanto frío apropiándose de todo, como tristezas circundantes, tanto deambular en el viento como reflejo de mis incertidumbres constantes…

Y yo, yo quedo enterrada entre todos mis años, veo los gusanos impiadosos devorando las hojas de éste árbol, y el frío y la tristeza, se adueñan de mis raíces y congelan la savia en mis ojos… y el viento con sus látigos, abre llagas que arden en mi piel, cansada y sedienta de los frutos que germinaban con los besos perdidos en el tiempo…

No es casualidad que este árbol se haya animado a brotar y crecer en medio de la agonía de las hojas secas y marchitas, no es casualidad que se alimente del tiempo, de las nostalgias y los silencios…

Aquella hoja que me arrancó el viento, nacerá de nuevo del abono de los recuerdos…

Naufraga


Azul oscuro, tan sombrío que la luna se vuelve un punto pequeño en medio de un celeste muerto, esbozado entre campos marchitos de algodón.

Todo está oscuro, tanto que el silencio se convierte en espinas que acarician mis ojos, los espejos del alma son tumbas vacías en mi rostro, la noche va llegando, para recordarme que estoy sola, como si en algún segundo me hubiese atrevido a olvidarlo...

Sal en los labios, de esa que saborea las heridas, que las hace suyas electrificando cada uno de los nervios hasta volverlos tortuosos, sal de las que se apropian de los cuerpos hasta volverlos estatuas…

El agua tan fría como la ausencia, tan envolvente como la soledad, tan cruel como el silencio, el agua, eterna como el tiempo; y el corazón congelándose en silencios… y yo, yo tan sola, tan débil, tan cansada, y tan perdida en medio de este inmenso mar…


Es de noche, no hay luna, o si la había ya se escapó. Hace frío, no sé nadar, y estoy sumergida en el abismo de la nada… siento el agua rompiendo los poros, incendiando la carne y asfixiando el cuerpo, que ya está muerto… y no hay nadie cerca para ver como intento flotar, no hay manos que se vuelvan alas, no hay palabras que se vuelvan aliento, no hay miradas que lo digan todo, ni labios que miren mi piel y que la vuelvan viento con un roce…

Estoy en el medio del mar, en el medio de la nada, sin punto de apoyo, ni nada, ni nadie de quién sujetarme, no hay escapatorias, ni si quiera hay suicidio, no hay nada mas esta infinidad que se propaga…

Un barco se acerca, las luces exorcizan la oscuridad del agua y de la noche, ahora pareciera que seguir nadando, vale la pena… El barco es hermoso, es grande, es la promesa de vida, pero..., ¿quién está allí?, ¿por qué vienen aquí?, ¿qué quieren de mí?, ¿se puede creer?; es que ¿acaso todavía existe la confianza?...

Una mano gentil se estira hacia mi cuerpo que flota, no puedo sujetarla, el miedo me ahoga más que el agua, y la indecisión va pudriendo las células de mi piel, la mano sigue extendida, y yo sigo sin poder moverme del mismo maldito lugar… la mano aguarda unos instantes, comprende que no me moveré de aquel lugar, y el barco arranca para empezar a alejarse…


Y yo veo la noche, y veo como el barco se lleva las luces; y la oscuridad lastima más que la sal; y la sal ciega más que el silencio; y el silencio ahoga más que el agua; y el agua habla más que mi cuerpo… y el barco se me va, y el cielo se me estrella entre los hombros…

Empiezo a agitar las aguas con mis brazos, mis piernas se extienden sobre la superficie del mar, pataleo, con la desesperación del deseo, y avanzo contra las olas… y no respiro, pero sigo, y el agua me desgarra la piel, como el viento arranca las hojas, y me esfuerzo más, y más, y más, pero el barco ya se ha ido y no sé si alguno más vendrá…

La oscuridad ya no es la noche, por que el cuerpo ya no siente nada más que su peso que lo hunde en la infinidad, cada vez más…

Herida Desolada


Soy la mosca que aletea atraída por el hedor de las heces; el insecto maldito que insiste en acercarse mientras todos se empeñan en que se aleje. Soy tu ruido insoportable en el oído, la mente que aturde cuando uno implora que se calle.

Soy las palabras no dichas, el vacío del presente, el futuro abortado, el pasado que no puede ser asesinado.
Soy el ideal insatisfecho, ése que exige más cuanto más le das y que nunca se cansa de pedir, el que castiga con la culpa insólita que deja cadáveres en los roperos.
Soy el deseo que no sale de la mente, el que no llega a los brazos, a las piernas, a la lengua, ni a la boca. Soy la que desea lo que no hace y la que hace lo que no desea. Soy el dique limitado por represas.
Soy la ebriedad de tu discurso, el deslizamiento del alcohol entre tus neuronas, el instante previo a la caída, el ácido quemando en el esófago del vómito etílico. Soy el mareo confuso, la alegría estéril, el momento del después, la caída del silencio y la llegada de la luna.


Soy todo lo que no quisiera ser y nada de lo que quisiera dejar de ser. Soy todos los males de la tierra. Soy todo de lo que huyes, pero nada de lo que escapas. Soy lo que nunca debería haber sido, pero lo que ya fui demasiadas veces como para seguir no siéndolo.
Soy todo lo peor, cuando quedo librada al abandono. Seré todo lo mejor, cuando tenga la oportunidad de serlo, pero siempre estaré incompleta y nada aliviará la herida de no estarlo.

Soy el lago en el que te miras, el mismo que secuestró a Narciso para ahogarlo en su belleza.

Soy el espejo fragmentado, el que nunca recuperará todos sus pedazos.

Soy el reflejo roto, los siete años de desgracias, todas las plagas de Egipto, todas las iras de los dioses, todos los dioses de los muertos, todos los muertos del tiempo, todo el tiempo de los silencios, todos los silencios de los sumisos, que confluyen en mi cuerpo estallando en un grito lírico que fragmenta al tiempo…