El viento frío me arranca de las entrañas esta nueva hoja que se marchita, el paso del tiempo se muestra en ese peso que la hace caer sobre el asfalto tapizado de aguanieve, las hojas anaranjadas, algunas con tintes verdes y otras devoradas por gusanos, se me acumulan con los años… y todo, y todos, pesan tanto que impiden mirar el cielo…
Tantos recuerdos putrefactos como las hojas de los árboles en otoño, tanto frío apropiándose de todo, como tristezas circundantes, tanto deambular en el viento como reflejo de mis incertidumbres constantes…
Y yo, yo quedo enterrada entre todos mis años, veo los gusanos impiadosos devorando las hojas de éste árbol, y el frío y la tristeza, se adueñan de mis raíces y congelan la savia en mis ojos… y el viento con sus látigos, abre llagas que arden en mi piel, cansada y sedienta de los frutos que germinaban con los besos perdidos en el tiempo…
No es casualidad que este árbol se haya animado a brotar y crecer en medio de la agonía de las hojas secas y marchitas, no es casualidad que se alimente del tiempo, de las nostalgias y los silencios…
Aquella hoja que me arrancó el viento, nacerá de nuevo del abono de los recuerdos…
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