Correr. Correr desesperadamente hacia el abismo, deseando despegar los sueños del suelo y elevarlos hacia el universo. Correr. Sentir la lluvia lacerando las heridas que no cierran. Sentir el viento lijando los recuerdos de las manos que moldearon el cuerpo. Correr desesperanzada, huir, escapar, saltar para caer en que una no huye, ni escapa, ni salta, sino que muere en el vacío del saber. Correr para encontrarse, para no alienarse, para desligarse de la manada. Correr, sí, hasta que las piernas duelan, hasta llegar al asombro, para dejar de sentir los escombros de lo que pudo haber sido en el futuro, y de lo no fue en el pasado. Correr, con lluvia, con frío, con sol, con lunas, con gritos, con silencios, sólo correr aunque sea sola. Correr, deshacer el tiempo y el espacio, fundirlos en la velocidad y en la fuerza con la que se atraviesen los muros que encarcelan en el propio manicomio. Correr en la propia inmovilidad, aunque el pantano interior se extienda, fagocite las células, y deteriore los tejidos, que germinan los gusanos a punto de estallar. Correr. Dejar atrás la mentira y vomitar la verdad, aunque los labios se tiñan de sangre y de palabras; los oídos se desmiembren ante el ataque de aquello que no se quiere escuchar, y los ojos ciegos se abran para aprender a observar.Correr, para que no haya más nostalgia, para atravesar el hueco de la angustia, besar los labios de la locura y poder volver del más allá.Correr. Perder peso, perder piel, músculos y hasta los huesos. Correr para secarse las lágrimas, la saliva y el recuerdo. Correr, perder todas las palabras que moldearon, dividirse más y más, hasta dejar desnudo al deseo y lanzarse a las redes del lenguaje, que sujete.Correr, para hacer más tolerable la angustia de la falta constante, del vacío de sentir tanto vacío…
Las palabras empiezan a fluir y yo lucho para que mis garabatos le sigan el ritmo veloz a mi imaginación... (Soraya)
lunes, 21 de julio de 2008
Correr
Correr. Correr desesperadamente hacia el abismo, deseando despegar los sueños del suelo y elevarlos hacia el universo. Correr. Sentir la lluvia lacerando las heridas que no cierran. Sentir el viento lijando los recuerdos de las manos que moldearon el cuerpo. Correr desesperanzada, huir, escapar, saltar para caer en que una no huye, ni escapa, ni salta, sino que muere en el vacío del saber. Correr para encontrarse, para no alienarse, para desligarse de la manada. Correr, sí, hasta que las piernas duelan, hasta llegar al asombro, para dejar de sentir los escombros de lo que pudo haber sido en el futuro, y de lo no fue en el pasado. Correr, con lluvia, con frío, con sol, con lunas, con gritos, con silencios, sólo correr aunque sea sola. Correr, deshacer el tiempo y el espacio, fundirlos en la velocidad y en la fuerza con la que se atraviesen los muros que encarcelan en el propio manicomio. Correr en la propia inmovilidad, aunque el pantano interior se extienda, fagocite las células, y deteriore los tejidos, que germinan los gusanos a punto de estallar. Correr. Dejar atrás la mentira y vomitar la verdad, aunque los labios se tiñan de sangre y de palabras; los oídos se desmiembren ante el ataque de aquello que no se quiere escuchar, y los ojos ciegos se abran para aprender a observar.Correr, para que no haya más nostalgia, para atravesar el hueco de la angustia, besar los labios de la locura y poder volver del más allá.Correr. Perder peso, perder piel, músculos y hasta los huesos. Correr para secarse las lágrimas, la saliva y el recuerdo. Correr, perder todas las palabras que moldearon, dividirse más y más, hasta dejar desnudo al deseo y lanzarse a las redes del lenguaje, que sujete.Correr, para hacer más tolerable la angustia de la falta constante, del vacío de sentir tanto vacío…
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