Las palabras empiezan a fluir y yo lucho para que mis garabatos le sigan el ritmo veloz a mi imaginación... (Soraya)

jueves, 3 de abril de 2008

Día Nublado de Nostalgias


Día nublado, como todos. El otoño se hace sentir hasta en la médula, anunciando la mortandad del invierno. Las hojas anaranjadas de los árboles deambulan llevadas por la brisa, para estrellarse finalmente en la frialdad, la dureza y el gris de esta calle vacía.

Hoy hace frío y, aunque me guste esa sensación en mi piel, no todos los “fríos” son iguales. Hay fríos que invitaban a mirar la melancolía, tras el ventanal empañado de una habitación distante de la realidad, o dejarse embriagar por el olor de una taza de café caliente.

Hoy es uno de esos días frío que llegan hasta el alma, ese frío que congela las lágrimas en el borde de los ojos de vidrio. Es ese frío que paraliza los latidos. Es el que siento calar hondo en mis viejos y jóvenes huesos. Es el que siento cuando ya no te siento. Es la eternidad hecha mortal, es el futuro que se equivocó y se anticipó en el presente. Es un presente que se arrastra herido hacia el pasado. Es un pasado que todavía no está pisado. Es un pasado que, espectral como el invierno, siempre vuelve.

Y el pasado, como todo lo que hay en mi vida, se parece a ti, es un fantasma que vuelve por las noches para descargar la pesadez del mundo en el pecho en el que todavía estás, incendiar mi garganta, desbordar mis ojos y dejarme vacía de mis mares de sal.

Te maté, te velé, te enterré, te resucité, te amé, te volví a matar, pero yo sé que eres inmortal. Todavía estás. La presencia de tu ausencia siempre está. Tu existencia siempre llega para colmar el vacío que hay en esta fría soledad.

Camino por la ciudad en la que ya no estás. Las venas abiertas y llenas de hojas anaranjadas, me transportan sin sentido hacia el recuerdo que te invoca.

Por la perversidad del destino, llego hacia aquel hostal de la primera vez. Me asomé a la ventana y busqué esa habitación inmortal, pero ya no está más. Sin embargo yo, más que nadie, sé que el estar o no estar no dice nada. Se puede no estar y estar más presente que nunca. Esa es tu definición: no estás pero estás, estás pero no estás.

El hostal ya no tiene habitaciones, solo camas vacías, está en ruinas, cayéndose a pedazos y transformándose en espejo de mí penuria. El hostal está vacío, pero tu estás en mi interior, tomando esa taza de café, compartiendo una mirada intangible y una sonrisa irreal. Desearía desterrarte, pero eres parte de quién soy, ya no hay manera de exiliarte…

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