Hoy regrese a mi cueva, abandonada, olvidada; todo permanece en su lugar, no fue la desdicha la que me obligo a regresar, simplemente llegue a ella sin quererlo. El agua la siento en los huesos, parece que cada uno de ellos tiene mil gotas, y me pesa más el cuerpo que de costumbre. Sólo camino, llego a donde nunca he querido, regreso al silencio, y muero en el inicio del día…
Esta tormenta parece no acabar nunca, se siente la penumbra en la espalda, y sigo sin decir nada...sólo llueve.
Las palabras se duermen en mi boca, no puedo emitir sonido, entonces lloro y la lluvia se para. No te encuentro, mi cabeza te busca y mi cuerpo te desea, sabe que de algún modo estas aquí, sabe que llegaste con los extranjeros desde el norte bajando hacia el sur; algo me obliga a seguir repitiendo tu nombre aunque no pueda pronunciarlo, aunque mi corazón se quede sin poder entenderlo.
Ahora estoy empapada, en ningún lugar, sin entender que fue lo que pasó, me quedo quieta, en la proximidad más lejana de está tierra, en el destierro de este mundo lleno de personas, en el exilio impuesto por el silencio, el silencio que se va, se aleja, se rompe con el caer de las gotas... la exigencia de no quedarse desolada.
Cada instante donde surge un atisbo de dolor, mi cuerpo siente el inmenso vacío que le reclama ser llenado contigo, aún cuando no encuentre tu nombre en mi memoria…
No hay comentarios:
Publicar un comentario