Las palabras empiezan a fluir y yo lucho para que mis garabatos le sigan el ritmo veloz a mi imaginación... (Soraya)

viernes, 23 de octubre de 2009

Cosas de la Vida

La vida son instantes… De hecho no es más que eso, un enorme saco parcheado, cada día más pesado y que está lleno de suspiros. Es como el susurro al oído del que no escucha, como el grito desesperado del luchador vencido. Un momento sin aliento, un silencio inesperado cuando, sentada en el baúl de mis recuerdos, lanzo una mirada perdida a la cercana lejanía de una fotografía del 94…

Mi historia no son más que solo capítulos clasificados: cada etapa un color. Quizás ahora esté en la del verde esperanzada, o en el rojo como una boba apasionada. Si, lo sé, soy una eterna soñadora que ahora más encima esta enamorada….

Lo cierto es que hoy me he levantado con ganas de seguir soñando. Nunca presto atención al tipo de detalles como con qué pie salgo a la calle, con cuál me he levantado o cuántos sueños he tenido; no sé en qué día vivo, ni qué hice el fin de semana pasado. Sólo recuerdo que antes de dormir en ti he pensado, en el color que baña tus ojos apasionados o en la brisa que mece tu pelo alborotado, en el sabor dulce que guardan tus labios y en esas manías encantadoras que derriten mis manos; Pensar por ejemplo en el frío mes de junio que se queda olvidado en el triste calendario, desgraciado ser solitario que ve pasar los días sin poder evitarlo, sin poder vivirlos ni recordarlos…

Esas son las cosas de la vida. Escribir una poesía imitando a un genial Bécquer y mientras responda el labio suspirando al labio que suspira. Despertar un rato antes de la hora debida, y con una discreta sonrisa volver a cerrar los ojos y soñar un poco más… quizás con aquel paseo sombrío por las calles de la Florencia del Renacimiento tardío, admirando al más grandioso Brunelleschi, allí donde el más humilde ladrillo duerme a favor de la eternidad del arte. El arte, que no es morirte de frío, que supone nacer por algo, ver un don reconocido; observar embobada a un bebé recién nacido o mirar a un par de ancianos con un lazo entre sus manos, acompañados de una cómplice mirada que celebra medio siglo de amor para demostrar que sí que existe, o al menos alguna vez fue sentido, aunque no sepas ni cuándo ni dónde, ni tan siquiera el lugar en que se esconde tu dulce amor prometido…

La vida es pedir perdón y ser perdonado, es amar y se amado, aprender de los errores del ayer aunque mil veces con la misma piedra te hayas caído. Es saber reír en los días más complicados, lanzar emocionada una lágrima en el momento en que recordé aquel abrazo que bajo el aeropuerto sentí. Porque los abrazos son eternos, los abrazos no se olvidan, y menos cuando te lo da una persona que nunca más tendrás bajo el árbol que te da abrigo. Y es que, como diría un Serrat conmovido, no hay nada más bello que lo que nunca he tenido…

Momentos perfectos al pasear por la playa en el cálido atardecer del mes de Septiembre, rodeada de nadie, en un concierto de sonidos dirigido por el suave chocar de las olas en tus tobillos, mientras viajan a tu cabeza mil preguntas sin respuesta sobre el incógnito camino que hoy seguimos; dormir junto a alguien especial enganchada, enamorada y mil veces apasionada; Es creer y sentir, que no hay momento más perfecto que ese instante en donde me encuentro anclada y desnuda en su cuerpo, cuando la sed de agua desaparece a la vez que se engrandece el nombre de la persona que se tumba a mi lado...

Son éstas las buenas cosas de la vida, las que nunca se olvidan. Como si la vida fuera un destino, sin saber que en realidad es un camino del que nunca debemos huir, pues somos nosotros quienes finalmente decidimos quién se queda y quién se va. ¿Injusticia, falsedad? Los creyentes preferimos llamarle realidad. Hermanos, padres, amigos… ¿y los que ya no están? Quizás ahora sea cuando más presentes se encuentren. En cada momento, en cada lugar, en cada esquina de esta casa, en cada cosa que nos pasa… tú estás allí. Porque la muerte es parte de la vida, porque el día que te fuiste fue el peor de nuestra breve existencia, porque el mar llora desde que no te ve despertar, porque los pájaros de barro ya no cantan al son de las letras de tu música, porque sin ti las risas son huérfanas, porque ya nunca es de día, porque al llamar a la puerta la persona que me abrirá nunca serás tú…

Sin ti, las emociones de hoy no son más que la piel muerta de las emociones de ayer. Sola, pues, viajo a las coloridas rúes de París en el mundo imaginario de Amélie, allí donde los discos de vinilo se hacen como crêpes, donde los sueños se cosen con hilos que deciden el fabuloso destino que nos aguarda, amarrando mil mágicas noches en una habitación con vistas a esa inmensa torre, viendo que la magia corre y a veces (sólo a veces) se esconde bajo las rojas rosas del jardín que flanquea el arco triunfal de Bonaparte… Él supo partir, repartir y llevarse la mejor parte.

Al fin y al cabo, son esos detalles, esas pequeñas cosas que nos hacen sentir bien. La vida también da palos, sólo debes aceptarlos. Porque se non uccide fortifica; lo que no mata te hace más fuerte. Mírate al espejo y sonríe, sal a la calle con euforia y respeto, porque el libro de tu vida no está aún escrito, y tú decides cada paso que das para hacer tu día perfecto…

Recibir un te quiero cuando estás herido; dar un te amo, ante todo sentido…

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