En aquella época comprendí el significado de la palabra supervivencia, ya que me encontraba al borde un abismo invisible pero punzante, del que sólo yo conocía su existencia.
Habitar en soledad con el dolor, lo infla como un monstruo de rostro invencible, le confiere un poder aún mayor. No hay dolor más intenso que aquel que no se puede compartir, que se alimenta desgranando noche a noche las entrañas de energía e ilusión que moraban en ti, hasta hacerlas desaparecer en la nada.
Entonces sólo existe eso: la nada, el vacío. Es momento de decidir, y aunque únicamente tienes dos alternativas, la decisión no es fácil: morir en vida o renacer de nuevo.
Elegí renacer a una vida nueva, por eso ha sido el mejor momento de mi vida, porque, si no hubiera sufrido tan intensamente sin poder compartir mi tormento con nadie, hubiera seguido sobreviviendo, colmada de quejas, pasando a ser la víctima de quien siempre fui, yo misma.
Nunca traspasé el límite, porque la vida es tan sabia que, del mismo modo que si de una goma elástica se tratara, en el momento en el que estás a punto de romperte, en lugar de partirte en mil pedazos, te estiras, y entonces, en realidad, eres un poco más ancho que antes, puede incluso, con un corazón más grande, capaz de albergar también el sufrimiento de otros, porque nadie mejor que tú para conocer ese dolor invisible y destructivo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario