Cada día regreso a este banco a la misma hora en que vi por primera vez tu rostro, con la esperanza de que estés ahí, de encontrarte en el mismo lugar como si el tiempo nos devolviera a aquel instante…
Ya me he armado de valor en estas semanas para poder decirte que tu mirada me embriagó y la resaca que me ha quedado aun no he sido capaz de superarla. La fría soledad de tu ausencia se ha instalado en mi recuerdo y parece que nieva en los caminos donde te espero...
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