Tantos compromisos bellos que se hacen fuego en mi interior, y tanta pobreza a la vez. Pero siempre, y sobre todo, las gracias derramadas ante tantas experiencias y personas que se hacen hueco profundo en lo que soy, en lo que tengo, en los sueños que aún me hacen volar, aunque tropiece mil veces con los mismos miedos...
No me faltan las ganas, pero me sobran miedos, igual que le ocurría a ese elefantito domesticado en el circo, que permanecía atado a una estaca diminuta porque siempre lo había estado, y de mayor olvidó que ya tenía la fuerza suficiente para liberarse de ella. No lo hizo porque no sabía que podía hacerlo. Sin embargo, alguien me leyó este cuento, de modo que comprendo que la mayoría de mis ataduras sólo son pequeñas estacas…
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