Las palabras empiezan a fluir y yo lucho para que mis garabatos le sigan el ritmo veloz a mi imaginación... (Soraya)

viernes, 20 de febrero de 2009

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Despliego de nuevo las alas. Las agito al viento probando la armonía de su composición, y la magia que las hará volar, que me hará volar. Ahí está la diferencia. Ahí está el pequeño-gran matiz que disipa en tinieblas la rutina. La vacuna que mata el virus del miedo, el instrumento que neutraliza el hecho de dejar que las horas, los días, los años te vivan sin pedirte opinión. Donde uno se juega la disparidad… la brújula interior a la que tantas veces hacemos caso omiso: nuestro precioso corazón.


Tantos compromisos bellos que se hacen fuego en mi interior, y tanta pobreza a la vez. Pero siempre, y sobre todo, las gracias derramadas ante tantas experiencias y personas que se hacen hueco profundo en lo que soy, en lo que tengo, en los sueños que aún me hacen volar, aunque tropiece mil veces con los mismos miedos...

No me faltan las ganas, pero me sobran miedos, igual que le ocurría a ese elefantito domesticado en el circo, que permanecía atado a una estaca diminuta porque siempre lo había estado, y de mayor olvidó que ya tenía la fuerza suficiente para liberarse de ella. No lo hizo porque no sabía que podía hacerlo. Sin embargo, alguien me leyó este cuento, de modo que comprendo que la mayoría de mis ataduras sólo son pequeñas estacas…

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